Estimados y muy fieles lectores:
Como todos los años desde el 2004, me desconecté del mundo para hacer mi balance personal anual. Esta vez fue totalmente diferente, ya que antes de entrar en total silencio viví una semana de campamento fuera de Lima. Les juro que jamás pensé el esfuerzo físico y mental que esto implicaría, porque de haberlo sabido seguro ni habría ido, jejeje. Desde 2005 que no repetía la fórmula campamento + EE.EE., pero no se imaginan el bien que me hizo -a pesar de todo.
Esta vez seré totalmente sincera al decirles que no fue el mejor de todos los ejercicios a los que he asistido. Desde inicios de campamento he tenido unos agobios terribles sobre lo que ha sido mi vida y lo que vendrá. Estoy totalmente convencida de que es el mal espíritu del que tan bien nos habla San Ignacio el que está haciendo mellas en mi cerebro, mi alma y mi corazón. No lo soporto!!! Aléjate demonio!!!
Hoy más que nunca compruebo que tener la teoría no es suficiente si es que no pones los medios para practicar y hacer lo que tienes que hacer justo cuando, cómo y dónde tienes que hacerlo. Todo un año agitadísimo, viviendo a mil, intentando mantener todo bajo control para que de pronto a la primera ¡zas!, se me venga el mundo encima ante la primera incertidumbre.
En fin, han sido dos semanas fuera del mundo, del trabajo, de mi familia… Por ahora los agobios continúan y sólo espero no volverme loca con tanta movidas que tengo dando vueltas en mi cabeza. Por lo pronto, más oración y vida espiritual-sacramental para que este tiempo de desolación pase rápido. Pero nada Jesús, como hoy y toda mi vida, que no sea lo que yo quiera, sino lo que quieras tú
Y antes de despedirme, mi clásica foto de EE.EE. para ustedes:
Como dicen por ahí, ya me tocaba pues, jajaja. Ni modo, a avanzar como las machas





