WILLO, MI QUERIDO WILLO.

Como sabrán algunos de los que siempre leen estas líneas, a la par de este blog hago una web sobre Feliciano, un discapacitado que la lucha y cuya vida admiro hasta el infinito. El otro día, como quien no quiere la cosa, decidí solicitar la ayuda de mi querido amigo Willo para tomarle fotitos a Feli. Él, sin pensarlo más de 49 segundos, aceptó y hasta pidió permiso en la chamba sólo para darme un mano. Patas como él ya no conozco. Y no es sólo por esto. Déjenme contarles por qué más…

Como Feli me aplazó la hora de la sesión de fotos, decidí visitar la comisaría de La Rica Vicky antes (para una investigación). Le propuse eso a Willo, que era un poco cambiar los planes iniciales, ¡yél al toque aceptó! Sin mayor prédica. Sin mayor ruego. En el camino hablábamos de todo un poco, y todo nos causaba risa como dos tontos. Nos acordamos de aquel letrero que un día vimos en una tienda cerca a San MNarcos, donde él estudia: "Prohibida la venta de licor, ron y cerveza a niños menores de 18 años". ¿Acaso el ron y la cerveza no es licor, y los niños no son de por sí menores de edad? Prometo fotografiar el aviso y postearlo pronto.

Ya en la comisaría, revisamos miles de atestados y nos reíamos de las fotos de criminales, gruesas denuncias y mala redacción policial. Era divertido comentar estos detalles de un lado a otro del sillón en la sala de Investigación Criminal, mientras que quienes venían a presentar su denuncia se reían de nuestras payasadas. Al menos le hicimos la espera más amena.

Willo me odiaba cuando, de rato en rato, cantaba "Ahora quién" de Marc Anthony, canción que no había escuchado hasta entonces, pero que en los 35 minutos 29 segundos que pasamos allí memorizé por completo pues la pasaban a cada rato en la emisora que allí sintonizaban. Yo, en cambio, lo adoraba porque me ayudó a encontrar rapídismo lo que yo sola hubiera tardado el doble, gracias a sus dedos largos de músico y su mirada tipo vista preliminar de Word.

Después nos fuimos en el carro parados, y riéndonos del cómico que subió a vender caramelos. Bajamos, cruzamos la Av. Abancay rapidito, y nos fumamos un pucho (sin caramelo de menta) antes de entrar, para entrar en calor. Llegamos donde Feli y me hizo reír con las preguntas formalitas que hacía, y además porque casi presenta un reclamo a LA mesa de partes del lugar sólo porque la luz se fue cinco segundos. "Es que yo no puedo tomar fotos así", reclamó. Tranquilo Bobby, tranquilo. Después del impasse, siguió capturando instantáneas y obligándome a anotar lo que yo no quería. "Te va a servir, apunta oye", me aconsejaba. Le dije que se relajara un poco, que me dejara ser y que se dedicara a fotografiar el partido de basket. Pero no entendió y yo lo entendí.

Querido Willo, te tengo que decir algo: ¡me hiciste el día! Me divertí muchísimo y comprobé que siempre que te necesite, estarás ahí para mí. Te debo mil favores, y desde ahora mil y uno. ¿No quieres que sean mil y dos? Por ti que sean un millón, ¿verdad? Eres lo máximo. Y te adoro. No hay duda: debiste nacer en año bisiesto.

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