TRES, CINCO, SIETE. MEJOR CHÁNTATE.

Mariano grita: “3, 5, 7” y apunta un dato en su tablero. Corre hacia la puerta del micro, recibe la tarjeta de manos del cobrador, la marca en el destartalado controlador, corre otra vez y dice: “Chántate compadre, el Martínez va sopa (lleno)”. Mariano es, desde hace tres años, el datero más conocido de la Avenida Tingo María.

Datero viene del sustantivo datos, y quiere decir persona que te pasa el dato. Su misión es comunicar al chofer, por medio del cobrador, el tiempo que le llevan sus competidores de ruta o sus colegas de mi la misma línea, y según eso aquel podrá darse idea de cuánta ventaja le lleva el otro autobús y acelerar o ir más despacio.

Pero, ¿y esto para qué es útil? Mariano nos explica: “para que las unidades de una misma línea no se hagan competencia y una se lleve los pasajeros de la otra. Por eso las empresas nos contratan, para vigilar que transiten de manera espaciada y que los pasajeros suban a todas las unidades disponibles y no una sola”. La otra razón se orienta en un sentido lúdico: los hombres cronómetro sirven para impulsar la competencia entre las unidades de diferentes líneas. Quitarse pasajeros o llegar más rápido a un determinado punto se les vuelve casi una obsesión, a pesar del peligro y el riesgo que se corre al manejar a la defensiva. Gracias a ellos, los microbuses avanzan a la velocidad que mejor les conviene, y poseen la información más importante para cualquier micro, y más barata también: a sólo veinte céntimos el dato.

Según un decreto supremo, nada ni nadie debe impedir el libre tránsito y la seguridad en el transporte, pero también las empresas tienen derecho a contratar a “personas destinadas a informar el paso de los vehículos, pues deben velar por el buen cumplimiento de sus servicios y la maximización de sus beneficios”. Es así que los comités de transporte decidieron contratar los servicios de estos hombres cronómetro para controlar la libre competencia entre sus conductores. Pero no todos los dateros son contratados de manera tan formal.

Mariano y tres dateros de la misma esquina no pertenecen a ninguna empresa. Decidieron abrirse “por su cuenta” y ahora controlan a la vez a varias líneas. “Aunque no crean, gano más que cualquier obrero de “Construcción civil” o minero. Pobres, tiene que hacer huelgas para que les paguen. Para estar así, mejor me quedo como datero”, afirma Mariano. Por cada línea de combi o micro que controlan son diez soles al día, “y así mil soles al mes, más o menos, pero todo depende de la habilidad que tengas pe’”.

Muchas veces por más dinero ayudan a que un carro se atrase y se quede vacío, pero “no siempre lo hago, ah, porque una vez me pillaron y casi no la cuento”. También pueden ser “sobornados” por algún chofer para dar un dato falso o no dar información a la gente que pregunta cuánto falta el micro de su preferencia. El “negro” Pepe también trabaja con Mariano y cuenta que cuando uno se inicia tiene que pagar derecho de piso. Suele pasar que los cobradores escuchan el dato y el carro arranca sin pagar, o tiran el sencillo a la pista, los carros avanzan y hay que esperar al próximo semáforo rojo para escabullirse entre chasis y ruedas viejas para encontrar los veinte céntimos. “Pero eso se acaba cuando pasa el tiempo, te haces conocido, ahí ya te empiezan a respetar”.

En cada esquina siempre habrá un datero o datera que está presto a dar información hasta a cuatro combis a la vez. Su trabajo empieza a las seis de la mañana, y se extiende hasta las ocho o nueve de la noche. El cálculo es su oficio y el estar siempre atentos su habilidad. Si no existieran, la lógica económica del transporte sería más caótica que ahora: ningún chofer sabría si apurarse o “hacerla lenta”, las ganancias serían menores, menores sueldos, más caras largas, más familias pobres. Es una cadena de nunca acabar, en la que cada eslabón, quiéranlo o no, es importante.

AL FONDO HAY SITIO.

La más de las veces, los vehículos de uso público salen de sus paraderos iniciales con pocos pasajeros. Así, a lo largo del camino se prevé la presencia de algunas personas, hombres en su mayoría, que ayudan a que esta situación cambie. En Colombia y Nicaragua se le conoce como “pregoneros”. En México como “jaladores de bus”. En Perú, se les llama llenadores. Como su nombre lo indica, su principal función es llenar el bus, combi o coaster de pasajeros, vociferando en paraderos de mayor circulación que “el carro está vacío”, “al fondo hay sitio”, “señorita, colabore por favor, avance” o haciendo pequeñas ofertas en la tarifa para conseguir más clientes. “Cincuenta hasta la San Marcos” o “China a Faucett” son sus más populares frases en un mercado ávido de oferta y rebajas de pasaje.

El “loco pucho”, fumador por excelencia y mujeriego por conveniencia, como él mismo afirma, es llenador en el cruce de la Avenida Universitaria y la Avenida Venezuela. Su trabajo es llenar, exclusivamente, las combis de la ruta “Lima-Venezuela-Callao”. Coquetea con las universitarias, las piropea, las engatusa, les promete “asientos adelantito”, todo con tal de que suban al micro. Ya adentro la cortesía no sigue, “peor ese ya no es mi problema”. Se valen de cualquier cosa para subir a más pasajeros: suben bolsas de mercado, cargan niños, consiguen asientos para familias enteras, separan lugar al fondo para parejitas, o lo que fuera con tal de recibir entre veinte y cincuenta céntimos, los que comparten algunas veces con los dateros, Incluso, pueden ser la misma persona.

En la noche, el trabajo es más difícil, pues rateros suelen hacerse pasar como llenadores y aprovechan el pánico para robar carteras y paquetes. Pero el “loco pucho” ya ha marcado a los amigos de lo ajeno y sabe defender su territorio. “Último carro” dice a las diez de la noche y la gente sube a montones. “Una vez”, relata con orgullo, “hice entrar como veinte en una combi, la gente iba aplastada, pero me llevé mi sol suavecito”, comenta entre risas.

Conocedores de las rutas, los llenadores-dateros cuando ven un carro vacío aconsejan a los chóferes darse media vuelta y continuar su ruta en sentido contrario. Ellos hacen caso, total, no hay policías que controlen el recorrido completo de la ruta. Sólo las empresas con dateros contratados exigen que esta jugada no se cumpla. Para lo demás, la calle es una selva de cemento.

Los llenadores, en coordinación con el chofer, el cobrador y el datero forman un equipo automotor que busca más pasajeros y mayores ganancias. Se les puede juzgar por sus vestimentas raídas, sucias, sus malos modales, su conducta agresiva, su lenguaje soez, y hasta por su físico descuidado, pero nunca por su esfuerzo por tener mejores condiciones de vida. Mariano, Hernán, el “loco pucho” y los demás, jamás imaginaron un empleo como este. Hace unos días, leyeron en el “Trome”: “Más de 1,500 buses para cien pasajeros llegarán al Perú en los próximos meses para renovar el parque automotor nacional”. La FECHOP (Federación de choferes del Perú) anunció que siendo a gas el pasaje costará un sol, y además no se necesitarán cobradores ni dateros, mucho menos llenadores. La tristeza se apoderó un instante de sus corazones, pero desapareció al grito de uno: “dicen lo mismo desde hace años, esto nunca va a morir”.

Los Mendoza y toda Lima vienen escuchando la misma promesa desde siempre. Nadie ha olvidado el tristemente célebre tren eléctrico. Si el transporte mejora, muchas personas se quedarían sin trabajo pues, mal que bien, informalmente o no, nuestro siste
ma de transporte alimenta a miles de hogares. “Esta vez sí”, promete el secretario de la FECHOP. Habrá que creerle.

4 pensamientos en “TRES, CINCO, SIETE. MEJOR CHÁNTATE.

  1. lo unico q faltaba: gente apoyando a los dateros y a “familias pobres” de los cobradores y choferes,la gente como tu q los apoya es la q deberia morirse atropellada x estas basuras, y no gente inocente q espera tranquilaente en el paradero,como ha venido sucediendo(caso surco,caso sta anita).Todo seguro x obra y gracia de un datero q le dijo al chofer q el otro le llevaba mucho tiempo,q lindo trabajo verdad? pudrete

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  2. Que pena que haya gente como la persona que escribió anteriormente, que no respete la investigación y la información, como es lo que se ha intentado hacer en estos párrafos. Entiendo que haya choferes y dateros irresponsables, pero por qué agredir a aquellos que informan sobre el tema??? gente ignoránte como tú aquel que decide escribir en anonimato poniendo comentarios afensivos. Buena investigación felicitaciones a quién escribe “3,5,7 mejor chántate”.
    Universidad de Lima

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  3. Fabiola: este es un tema controversial, gracias por haber leído la crónica. De hecho esto es sólo una parte de una gran realidad de combis, microbuseros y cobradores, que puede -y debe- seguirse estudiando.

    Saludos!

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