MI HISTORIA ENTRE TUS DEDOS.

¿Se han dado cuenta que cada cierto tiempo recurrimos a manos extrañas para pedirles sus servicios, el cual siempre pagamos? ¿Y que esas personas se han convertido, querámoslo o no, por la frecuencia en que las visitamos, en casi parientes nuestros? ¡Cuidado! No me malinterpreten. Me refiero a gente profesional en la materia.

Tu doctor. Tu dentista. Tu confesor. Tu peluquero. Tu técnico de la compu. Tu casero del mercado. Por todos has de pasar, todos te hacen un servicio, y si te gusta, vuelves a por él. Hoy me tocó cita con uno de ellos: había de cortarme el cabello.

ESE CABELLO QUE TÚ ME REGALASTE.

Desde siempre he tenido pavor al corte de pelo. En la secundaria solía usar colas, trenzas y todo tipo de peinados que ocultaran mi larga cabellera, todo para que mi madre no me lleve, religiosamente, cada 3 meses a cortarme el pelo. No se porqué lo que para otros era un festiín, una aventura el cambiar de look tan constantemente, para mí era un martirio… Ahora que lo pienso, creo saber la razón.

Tenía 5 años. Entré a primer grado. Tenía unos rulos impresionantes: largos, definidos, y eso que en esa época no se había creado pantene ni nada de esas vainas. (Ver foto). Dios había sido generoso con "la pequeña Lulú". La cuestión es que me pasó lo mismo que a todas las niñas de mi salón: piojos!!! Yo odiaba peinarme (era un martirio con tanto rulo), y cada mañana, 15′ antes de salir rumbo al colegio, mamá y yo empezábamos la batalla del "voy a traer el pelo suelto" (yo, infante precursora de la Trevi) que siempre terminaba en lágrimas. Las mías, claro está.

Uno de esos días, harta de tanto llanto, mamá me llevó donde "Augusto’s". Nunca me habían cortado el pelo, así que mami le pidió que me tratara con cariño. Yo, que ya sabía leer, no entendía la huachafada -que sí entiendo ahora- esa de poner una "s" final a los nombres de las tiendas. Cuando "Augusto’s" comenzó su trabajo, dejó la delicadeza con las que nos recibió, y salió el hombre que había en él. "Cuidado señor, mi orgullo, mi encanto, mi historia está entre sus dedos", pensaba yo al mirarlo, pero él tipo ni se inmuto.

Dado que las revistitas esas con peinados de niños me aburrían a por montón, empecé, a través del inmenso espejo, a observarlo mejor. Había algo en él que no me cuadraba. Preocupada más que asustada, me atreví a preguntar:

– Mami…

– No te muevas, mi Reina -dijo él, zamaqueándome hacia adelante.

– Dime Meli -Respondió mamá.

– (Señalando cada parte). Mami, dime: si usa zapatos de mujer, pantalón de mujer, blusa de mujer, pelo de mujer… ¿por qué entonces tiene cara de hombre?

Mamá, que no se caracteriza por su sutileza, estalló en risa. Todas las compañera(o)s de Augusto también lo hicieron, junto con las demás señoras que estaban en el local. "En la casa hablamos", dijo mami, quiñándome el ojo para que no siga preguntando imprudencias. Demás está decir que Augusto estaba rojo de verguenza y de ira. No sé si fue por eso o porque odiaba a las crespas naturales (a leguas se notaba que su permanente había perecido), pero empezó a cortar y cortar, y yo empecé a llorar y llorar.

Veinte minutos después, el resultado: mi pelo "Ángela Carrasco" se había convertido en "Demi Moore" a lo "Ghost".

Me quería morir!!! Avergonzada tuve que ir así al cole, y aguantar las bromas de todos mis compañeros. Grrr… cada vez que me acuerdo me entra una cólera!!! Mi pelo se demoró mil años en crecer, y nunca volvió a ser el mismo. Ahora es lacio-ondulado, nunca se define, todo depende del shampoo que use y de cómo quiera llevarlo. Sólo en verano vuelven rezagos de "Lulú", pero nunca será lo mismo. Augusto maledeto!!! Por ahí me enteré que murió de Sida. Pobre. Q.E.P.D.

NI UN PELO DE TONTA.

Creo que esta escena en mi vida me originó tanto temor a cortarme el pelo (y no era para menos). Y digo originó porque, no se cómo ni cuando, pero hace buen tiempo ya voy por cuenta propia a cortármelo. Me gusta innovar, cambiar. He dejado atrás aquel karma.

Hoy, cuando estaba sentada leyendo los viejos catálogos de siempre, las "Vanidades" y "Gisela" pasados y una ojeada al "Trome", recordé que hace exactamente un año fui por corte y salí trasquilada. Tenía el cabello más largo que ahora (a mitad de la espalda) y me lo corté, bueno, me lo cortaron, sobre los hombros.

Nunca había perdido tanto pelo. Me acordé de Santa Rosa de Lima, que se cortaba el pelo tipo "Felicity" para alejarse de la vanidad y espantar a sus pretendientes. Entonces me resigné y a todos les gustó el corte. ¿Nunca les llega eso? ¿Cuando a todo el mundo le gusta lo que usas-vistes-comes-fumas-cómo te cortas el pelo y a ti no? Nunca sabrás si es verdad o si sólo lo dicen para levantarte el ánimo.

Bueno, hoy me tocó peluquera y me cobró barato, me cortó lindo, y aunque proponía y defendía unos flequillos muy de los 80’s, gané yo y me hizo raya al costado y me cortó tanto cuanto le dije. No más. ¡Tengo un nuevo corte de verano!

Después de 17 años, ahora sí puedo senteciarlo: Augusto, ¡ya no te tengo miedo!

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