LA HIPOCRESIA.

De cómo morir de sed teniendo tanta agua.

Y estaba el hombre ahí, de pie en el autobus. Ojos chinos cerrados, chompa rota semiabierta, labios resecos que han de haber recitado tantos poemas anónimos, pies muy juntos, casi uno sólo, con guitarra en mano listo para empezar. Y estaba el hombre ahí, subido sin ser visto, cantando sin ser reclamado, dispuesto sin ser solicitado.

Yo, impávida y aburrida, intuí que él era capaz de escribir los versos más monses esta noche. Un pasajero, de unos cincuenta y mucho, chasqueó los dientes, en clara señal de rechazo, desaprobación y fastidio de ver al artista del pueblo acicalarse para el recital. Con un ojo para observar a cada uno, esperé.

Y dando la espalda al cobrador del micro, el cantante inició:

‘La’ Hipocresiiiia, morir de sed teniendo tanta agua

Deben de prohibir que suban estos tipos a vender, no se dan cuenta que es

Morir de amor fingiendo estar alegres, queriendo amar y estar indiferentes

fregado tenerlos encima de uno ofreciendo sus porquerías. Nosotros ya estamos

indiferentes, indiferentes

hartos de tanto payasito todos los días, todo el santo día. Esto ya parece

‘La’ hipooooooooooooocresía

Cállese oiga

Es mi sonrisa donde escondo el llanto

¡Respete hombre!

‘La’ hipocresía

¡Me bajo, me bajo!

¡Bájese pues!

¿Cómo dice?

La hipooooooocresiiiiiiiiiiía…

Y esta misma historia continúa, sólo cambia de escenario es espera de otro bus, oh oh oh.

Y el cantante para el micro siempre a las diez en el mismo lugar.

3 pensamientos en “LA HIPOCRESIA.

  1. Siempre me ha maravillado la capacidad musical de algunos.

    En mi caso prefiero que suban personas como el protagonista de tu post (el cantante, no el pasajero renegón) a otros que te dicen: “Yo no quiero robarte, ¡prefiero pedir!”

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  2. Peor son los que te dicen que su mama o quien sabe quien esta en el hospital y te muestran una receta o algo asi… pero el condenado no sabe que ya tu lo manyas con ese cuento desde hace 3 años…

    P.D. Eso lo he visto en la 73 A.

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  3. Existe de todo Meli, la combi es un escenario que se presta para escuchar historias y también para vivirlas. Sabes que es lo curioso, que la gente aprende a mirar de tanto escuchar el mismo disco rayado del “Señores pasajeros, damas jóvenes y caballeros…” y otras variaciones. A veces llega por allí uno que realmente te mueve y que miras a los ojos y joder que sabes que esta hablando en serio, sus ojos y su desesperacion lo dicen …y joder..
    Hace una semana exactamente, regresaba yo de hacer un trámite y subió un señor con su hijo, el hombre estaba avergonzado, no sabía que decir, la combi full volumen y el calor de miércoles que no nos daba a la gente para escuchar una versión más del pan cotidiano de cada día. Yo dije lo mismo de siempre, ya vino uno más a mirarle a una la cara. Carajo de sinverg*uenza seguro.
    Pero y zas, el hombre empezó a hablar a duras penas, era constructor civil ten{ia a su mujer en el hospital por un problema de cáncer. El chofer apago su “atodovolumen” de pronto, el cobrador se olvido de cobrar y empez{o a chinear de reojito al hombre y su hijo y las otras gentes cuasi indiferentes empezamos a escucharlo después de ver su angustia y a su hijo que miraba sin escuchar a su padre y con una tristeza de mierda. Joder que entocnes sabes que esta hablando de verdad, eso se siente Meli.
    Te juro que cuando el hombre bajo, apenas hablo pocas cosas pork no sabía como decir lo que pasaba, sólo que necesitaba ayuda pues su mujer estaba en sala de emergencias y el dinero de la construccion no le alcanzaba para pagar lo que le habian pedido en Medicinas. (Si, claro que sé de esos tipos que suben con sus recetas con el sello de Emergencias y orden de compra de medicinas). Pero, no es que sea desconfiada, pero yo vi no solo el sello de colegiatura del médico que precribía la receta pues el hombre estaba casi en mis narices, sino sobre todo vi su angustia en los ojos, “ayúdenme por favor, no se hacer otra cosas que pedir ayuda en las calles. Dios los bendiga”.
    Carajo Meli, el hombre y su hijo me devolvieron a esa suerte de corazón caritativo de mis épocas de católica. Te juro que todo el mundo le dió dinero, todos, hasta el cobrador y el chofer mientras el señor agradecía de corazón a la gente y el pequeño mantenía esa carita de dolor que aún mantengo grabada en la mente.
    Después de todo, a pesar que exista mucha gente contando cuento en las combis, creo que es importante no perder la confianza en la veracidad de otras tantas historias. Me alegra poder confiar después de todo, a pesar de todas las mentiras que pululan en la ciudad día a día. Te veré pronto. Besos. Lindos tus posts como siempre. Cariños. Vane

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