ASADA.

El fin de semana pasado iba a ser un finde tranquilo. Por primera vez en mucho tiempo iba a llevarme trabajo a casa por voluntad propia. Imaginé que teniendo dos días para relajarme y disfrutar del otoño, bien podría ir pensando -como quien no quiere la cosa- en nombres para un próximo producto. Pensaba, además, aprovechar la tardecita del sábado para ir a tomar lonche con una buena amiga, que hace unas semanas dio a luz a sus gemelos. Quería conversar con ella de tantas cosas, y sobre todo apachurrar a los bebés, que son bebito y bebita, y llevarme un poco de su fragancia y calidez a casa.

Imaginé también tener tiempo, del que carezco durante la semana, para poder ordenar mi cuarto y organizar mi ropa con el lindo, nuevo y recién barnizado armario que Pappo acaba de recoger luego de haber mandado a hacer con medida y todo. Ya tenía en mente las secciones para el vestir: trabajo / salidas / casa / retiros-actividades apostólicas. Asimismo, había pensado rellenar secciones hasta decir basta pues había planeado la mañana del sábado para comprar nuevo vestuario que hiciera juego con la colección otoño-invierno 2006 que no pienso desechar todavía, y así pasar piola con una ropa de trabajo que parece nueva pero en verdad es la simbiosis de dos años.

En la noche, me imaginé viendo una buena película, saliendo a comer o lo que buenamente saliera en ese momento. Total, un poco de improvisación le viene bien al finde.

El domingo me proyecté levantada no antes de las 9 a.m., tomando un rico desayuno con el control remoto en la mano izquierda, de modo que hacer zapping entre los magacines mañaneros televisivos no fuera tan complicado. Mientras el taxi del viernes por la noche me llevaba a mi reunión semanal, cual Miss Daysi me imaginaba al mediodía del domingo ya lista para un baño power, luego del cual me vestiría con ropa de la sección “casa”, en mi ya para entonces organizado armario. Me despediría de todos y, tomada de la mano como hermanas Ingalls, abordaría un taxi con mi sister rumbo a casa de abuelitos, para almorzar con ellos y con mis tíos en el clásico -pero no por eso menos interesante- almuerzo dominical con su sobremesa más.

Rato después, yo me hacía literalmente tirada en el sofá de la sala -mi sofá, que nadie se siente ni me lo caliente- de abuelitos presta a nuestra maratón de películas no aptas para adultos. Abuelos, tías, primos, mi hermana y Toti the dog reiríamos con risas verdaderas y pedazos de pop corn saliendo en escenas no aptas para la inteligencia común. La primera película. Bronca para elegir la segunda. La segunda película. Bronca para elegir la tercera. El concurso queda declarado desierto y pasamos a conversar de la vida. Después de tan amena plática, otra vez como hermanas Ingalls, Cati y yo nos despediríamos largo y tendido de todos y cada uno de nuestros familiares, tentadas a quedarnos un ratito más, pero a la vez apresurándonos pues la misa nos esperaría ya de vuelta al barrio.

Otra de las cosas que imaginaba en mi tranquilo finde era regresar contenta de misa y sumergirme en mi camita, mirar alrededor mi cuarto limpio, perfumado y fragancioso, y sin cargo de conciencia poder prender la tele y ver non-stop los programas periodísticos de las ocho de la noche. Cenar algo ligero con Pappo y Cati, o comernos un par de sánguches caseros mientras vemos la tele. A las diez, obvio, sintonizaría a mi adorado tormento Jaime Bayly, quien me habría reír y carcajear, así como adormilarme para una linda noche, pues mañana será otro día, y a empezar la rutina otra vez.

Todo esto hubiera sido posible. Es más, ESTABA PAGADO para que así fuera, pero tú tuviste que malograr todo intento.

No me caes, no te quiero, no me gustas para nada. Todo estaba bien, pero llegaste tú.

Ni descansé, ni me relajé, ni me divertí, ni hice mis nombres, ni visité a mi amiga, ni fui a misa, ni almorcé con mis abuelos, ni compré nada, ni perfumé nada, ni comí nada, ni salí nada, ni ví nada, ni viví nada. Todo el tiempo estuve metida en cama durmiendo para no llorar, ¡pero igual las lágrimas se salían por sí solas! Intentando decir cuatro cosas coherentes pero el delirio no me dejaba. Tratando de levantarme o de hablar pero el calor y el malestar no se daban por vencidos. Queriendo que el proceso pasará rápido para poder disfrutar siquiera un tantito, un tantito al menos… ¡pero no! Incrédula de mí, incrédula de mí, tonta tonta tonta…

La gripe no se va tan rápido.

Señores: la gripe acaba de llegar. Recen para que se vaya pronto…

8 pensamientos en “ASADA.

  1. Nena, deja que el flow de la gripina siga su curso, MOSKIS LO SABE. Yo estoy comenzando el verano (gracias a Dios ya huelo el otonho limenho!) y cada dia me vuelvo a resfriar. Y mejorate para reencontrarnos en el Pascuale, si quieres invitas al mape que te platike😉
    Besitos con mentholatum.

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  2. una que nunca falla: duerme como m*rda (aunque sea en la combi o el trabajo) está comprobado que durante el sueño el cuerpo combate mejor al virus y este sale más rápido del organismo. suerte.

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  3. Pingback: Planeta Invazor! » Blog Archive » ASADA.

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