NOVIEMBRE SIN TI.

¡El mes de noviembre ha sido una locura y se me ha pasado rapidísimo! Revisando mis sweets novembers de otros años, hay un claro indicador con una ligera tendencia al alza de que cada vez se van haciendo más busys que nuncaaa!!! Mis días laborales han estando a tope, mis fines de semana recontra recargados (a veces quería bilocarme, jajaja) y mi vida personal sin tregua. ¿Y mi vida espiritual? Pues a qué creen que debo el título de este post…

¡Fatal! Así describo mi noviembre espiritual: fatal. He descuidado a Jesús mucho, muchísimo, tanto que creo que ya ni me recuerda😦 Y esto no me hace nada de gracia, porque también estoy descubriendo que tengo el corazón ¿en carne viva? No, en un desorden total. Lo tengo puesto en cosas sin importancia, imperecederas, que no me llevan ni me van a ayudar a llegar a mi fin último: él.

Lo peor de todo es que lo sé y lo reconozco, ¡pero no hago nada por cambiarlo! Y eso que cada cuanto me están pasando unos acontecimientos que deberían alertarme de que esta vida no es la vida y de que de nada me vale ganar el mundo si pierdo mi alma. Sin ir muy lejos, el jueves 19 de noviembre ha podido ser el día de mi partida de estos lares limeños. Y no lo fue, pero no porque yo no quisiera, sino porque tú no lo querías (creo). ¿Intrigadísimos? Ya ya, sigan leyendo no más, jajaja.

Ese día me desperté más tarde de lo acostumbrado porque la noche anterior había estado con mi Raphael hasta las mil y quinientas; tan tarde que no pude hacerme mi jugo de piña de todas las mañanas, sólo tuve tiempo de bañarme y salir volando rumbo a la oficina (mi pelo ese día fue un desastre). Como a media mañana me moría de hambre/sed, decidí comprarme el jugo pendiente pero no pedirlo por delivery, como siempre lo hago, sino ir yo misma a comprarlo. Bajé hasta el primer piso y cuando llegué a la calle no caminé directo a San Antonio, como siempre lo hago, sino que decidí ir al Rovegno junto a mi edificio, lugar al que nunca había entrado antes.

Luego de pedir el jugo no esperé hasta subir a la oficina a tomármelo, como siempre lo hago, sino que lo fui tomando por el camino, y cuando llegué a mi sitio ya sólo me quedó botar el envase al basurero. A los pocos minutos sentí un dolor in-des-crip-ti-ble. El pecho me empezó a apretar mal y la espalda se me contraía como si quisiera juntarse con mi pecho. Sentía que la presión era cada vez más fuerte y cada vez menos podía respirar. Juro que pensé que me estaban haciendo vudú porque sentía unos hincones rarísimos y una presión tal como si alguien fuera de mí me estuviera apretando pecho y espalda al mismo tiempo para hacerlos uno solo, sin contar con que la voz se me iba apagando y mi faringe se iba cerrando.

Mis compañeros se dieron cuenta de mi palidez y propusieron llevarme de emergencia, pero por la vergüenza de haber faltado tanto por mi tendinitis cruzada con mis vacaciones, me hice la macha y dije “no es nada, ya va a pasar”. Pues pasaron dos horas y como el dolor no se iba, me metí al baño a hacer mi testimonio mental y a pedirle a mi mamá y mi abuelito, que cumplía 4 años de fallecido ese día, que por favor no me llevaran todavía, y que en todo caso si me llevaran sea en silencio y al toque, para no perturbar más la armonía laboral.

RONCHAS ROJAS A MÍ.

Acto seguido me empezó a picar todo el cuerpo y el malestar se hacía cada vez más grande. Regresé a mi sitio y rebuscando en mis cajones encontré un ibuprofeno, el cual te lo recetan para todo, así que me lo tomé y empecé a concientizarme de que todo esto era mi idea y de que debía volver a trabajar ya. En ese momento me reuní con los practis para revisar unas pautas y traté de sacar el malestar de mi cabeza.

No pude. Eran las 6 p.m. y tenía el cuerpo completamento rojo y arañado de todo lo que me había rascado sin piedad y a escondidas. Y nada, viéndome cualquier cosa, llamé a mi papá y sin querer alamarlo lo alarmé y media hora después ya estaba recogiéndome para internarme de emergencia. El doctor casi me da los santos óleos a mí y el pésame a mi papá: me había intoxicado mal, tan mal que de milagro estaba viva con una glotis casi cerrada, que no daba paso a la respiración normal. Y claro, terminó de gritarme el doctor y mientras me inyectaban empezó a gritarme mi papá, a gritar-llorar mi tía y mi abuela, y al día siguiente mis jefes y mis practis, y creo que hasta mi mamá y mi abuelo gritaron allá arriba: lornaza, ¡por qué esperaste tanto! Y mi respuesta en todos los casos fue: es que me daba roche enfermarme una vez más😦

Pero bueno, luego de una serie de inyecciones y pastillas me recuperé rapídismo, no sin antes preguntarme: ¿Qué hubiera pasado si me dormía así esa noche y por maricona no me iba de emergencia? ¿Qué si no hubiera aguantado tanto con el dolor encima y me quedaba sin respiración? Esto me regresa al punto inicial de este post: ¡No estaba preparada para irme! ¡Pero tampoco para quedarme! Urgente, tengo que parar y reordenar la casa. Retomar mi contacto íntimo y personal contigo, Jesús, como siempre lo ha sido. Y en este reordenar creo que debemos empezar por la loca de la casa: la imaginación.

No más noviembres sin ti, ni diciembres ni ningún mes del año alejados Jesús! ¡Basta ya! Aprovechemos el adviento y estrechemos lazos y corazones. He dicho, caso cerrado.

¿Qué opinan fieles lectores?

6 pensamientos en “NOVIEMBRE SIN TI.

  1. Opino que no entiendo porque no te han avisado de que Rovegno na’ que ver…!!!!

    Bueno chica.. si no quieres estar mas pior.. no vuelvas a dartelas de macha… recuerda.. Diosito creo nuestro cuerpo y si tu cuerpo te dice que algo anda mal.. pues hazle caso no????

    Ademas no puedes volverte a enfermar porque hay pendiente un Karaoke Box…
    Y lo necesito.. porque este noviembre yo tambien he sentido lo que es querer el Don de la Oblicuidad… TT__TT

    Me gusta

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